Y de repente, amanece.

Una cálida mañana, con los ojos entre abiertos y legañosos comenzaba una etapa. Una etapa que se presentaba un tanto "larga" y pesada, pero ilusionante por qué no. Por primera vez en mi vida he visto, he palpado el mundo más allá de la universidad. Te das cuenta que puedes encontrarte de todo, pero yo he tenido mucha suerte. Un grupo humano genial es básico.

Atrás quedan mañanas soñolientas, subidas de escaleras del Metro, desayunos con Ramón & company en "La Piñita", reintegros, tarjetas, préstamos, sonrisas y hasta lágrimas, como aquélla vez que en un descanso me puse a consolar a una cliente en la calle que se sentía desdichada en esos momentos por el azar de la vida.

Después de todo un verano me siento en la satisfacción y en la obligación de decir que ha sido genial. Una experiencia única la cual siempre recordaré. De ello tienen culpa Jorge, Elena, Raquel, Nuria y hasta Estrella, que me tenía estrellado. Esto es para todos ellos.

Se cierra esta mini-etapa y se abre una mayor, no por longitud, sino también por importancia: el último curso de licenciatura, si llueve cuando tiene que llover y sale el sol cuando debe.

Así que mañana me levantaré a la hora que he estado levantándome este verano, entorno a las 7.15, saldré a la calle con ojos legañosos y miraré al cielo como cada vez que salía de la parada de Metro de Estrecho y entonces me daré cuenta...que de repente, vuelve a amanecer.

1 comentario:

Marie... dijo...

Esa es la actitud para empezar un buen año, ánimo a los dos con el blog y con vuestros nuevos caminos :)
Besos