No me gusta dejar las cosas a medias.
Hay gente a la que no le importa dejar de leer un libro cuando ya va por la mitad, o darle al stop a una película y seguir con otra cosa. No es que yo no pueda hacerlo. Es que sencillamente no me gusta. Me siento, en cierto modo, mal. Y mira que me gustaría poder leer 100 páginas, asumir que no me gusta y dejarlo. O ver los primeros 10 minutos de una película y mandar a su director a tomar por el culo.
Tampoco marcho de un campo de fútbol antes de que el partido termine. Así vaya el equipo perdiendo 0-5, que me quedo. Marchar, en determinadas circunstancias es de cobardes.
Puede que sea un pequeño trauma de la infancia, cuando mi hermano me echaba en cara que dejaba los libros a media. Que nunca acababa nada. Inconstancia.
Tampoco me gusta dejar comida en el plato. El plato hay que acabarlo, así reviente.
Pero donde esto se hace más latente es con la música. existen determinadas canciones - ojo, no todas - con las que me siento en la obligación de escucharla hasta el final. No pregunten.
Supongo que será porque, normalmente, apenas son 2 ó 3 minutos de nuestro tiempo lo que perdemos.
En cierto modo, pueden llamarme raro, es porque siento cierta admiración por las cosas. Me siento tan incapaz de hacer música o literatura, que en cierto modo me resulta una ofensa desechar algo que a otros ha costado tanto trabajo crear.
Así que a veces bajo lentamente el volumen del reproductor, como simulando un final adelantado, para no ofender a nadie. Otras veces cierro los libros con un sonoro 'vete a la mierda', pero aguanté hasta el final. Me gané mi derecho a destruir a su creador con mis peores maldiciones.
Pero la música. ¡Ay la música! Eterna desconocida capaz de llevarnos y traernos, ensuciarnos, limpiarnos. Música que acelera el corazón, que deprime o que simplemente te acompaña, como el ligero susurro de la calle. ¿Cómo hago yo para pararte? ¿Quién soy? Mejor me espero que acabes, luego ya pondré otra cosa.
Digo música y esto también es un pensamiento bastante personal. Pero hablo de aquellas melodías que encuentro buenas. No de esa verborrea musical que nos inunda en los tiempos que corren. Con alaridos, orgasmos y ruido. No, eso no. Y como dicen Antílopez, ninguno de esos canallas que nos quieren engañar con ello.
Así que dejen terminar la próxima canción, si es buena, apuren el próximo libro o denle tiempo a la próxima película hasta ver si realmente es bazofia. O si no, enséñenme a no sentirme raro cuando yo lo haga. Por favor.

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